Por Noelia Carrazana
El equinoccio de primavera, un momento de equilibrio entre el día y la noche, fue celebrado en distintas partes del mundo por comunidades andinas migrantes que mantienen vivas sus prácticas ancestrales. En la ciudad de Nueva York, integrantes de comunidades quechua realizaron una ceremonia espiritual para recibir el nuevo ciclo, reafirmando su vínculo con la naturaleza y su identidad cultural en territorio extranjero. Muchas de estas personas que impulsan estas ceremonias estan relacionados con la Academia Mayor de La Lengua Quechua del Cusco o con el espacio sagrado del Qoricancha donde se dan citas varios ayllus todos los primeros viernes de cada mes.

En la cosmovisión andina, el equinoccio no es solo un fenómeno astronómico sino un punto de renovación energética. Marca el tiempo de siembra, de florecimiento y de armonización entre los seres humanos, la naturaleza y las fuerzas que rigen el universo, conocidas como Pachakuti (cambio de era o transformación del mundo). Para los pueblos quechua, este momento está profundamente ligado a la reciprocidad con la Pachamama (Madre Tierra), a través de ofrendas, cantos y ceremonias comunitarias.
En Nueva York, la ceremonia incluyó el encendido de sahumerios, la disposición de alimentos y elementos simbólicos —como semillas, frutas y hojas— y la invocación a los cuatro puntos cardinales. Participaron familias migrantes quechua que, pese a la distancia geográfica, sostienen estas prácticas como forma de resistencia cultural y espiritual.
De manera simultánea, en la ciudad de La Plata, la Academia Mayor de la Lengua Quechua llevó adelante una ceremonia en las orillas del Río de la Plata. Allí, se realizó una ofrenda en saludo al agua, elemento vital en la cosmovisión andina, en el marco de las celebraciones por el equinoccio.

La actividad incluyó palabras en quechua, cantos ceremoniales y la entrega de ofrendas al río, en un gesto de agradecimiento y pedido de equilibrio. Desde la organización destacaron la importancia de sostener estas prácticas en contextos urbanos, como forma de transmitir saberes ancestrales a las nuevas generaciones y fortalecer la identidad de los pueblos originarios en la diáspora.

Ambas ceremonias, tanto en Nueva York como en La Plata, evidencian la vigencia de las tradiciones andinas más allá de sus territorios de origen, reafirmando una relación con la naturaleza basada en el respeto, la reciprocidad y el equilibrio, en un contexto global atravesado por crisis ambientales y culturales.
Para más información recomendamos las redes de la Academia Mayor de La Lengua Quechua de La Plata:

