Por Sacha Sonqo
Dos Cóndores andinos, rescatados y rehabilitados en La Rioja, fueron liberados el martes 10 de diciembre de 2024 en la Quebrada del Cóndor, Sierra de los Quinteros, en la localidad de TAMA de la Provincia de La Rioja. Esta quebrada se ubica a 180 kilómetros de distancia con rumbo Sur – este desde la Capital riojana y a 1.200 kilómetros de Bs. As.

Para llegar allí hay que recorrer dos tipos de rutas: Las primeras son pavimentadas (R. Nº 38, 29 y 30) que atraviesan el corazón de la Ruta de los Caudillos hasta Punta de los Llanos y desde allí hasta la cabecera del Departamento Ángel Vicente Peñaloza: Tama.
Desde Tama el camino es más agreste, con un recorrido de 45 kms con paisajes contrastantes hasta llegar al pintoresco pueblo de Pacatala. Desde allí hay que trepar la sierra de los Quinteros hasta arribar a la pequeña Villa de Santa Cruz de la Sierra, enclavada en los 1.010 msnm. Con un paisaje de ensueño.
Este camino atraviesa a la montaña por donde nos lleva a una meseta (de granito negro, rosa, gris) al finalizar este recorrido se llega al emprendimiento Ecológico, Turístico y Rural: el Centro turístico y posta Quebrada de los Cóndores.

En este predio antes de la liberación de los cóndores se realizó una ceremonia ancestral íntima e emotiva, donde participaron todos los presentes incluidos los cóndores Inti y Etiej. Esta ceremonia intenta vincular lo ancestral con la ciencia actual para renovar las prácticas relacionadas a la importancia de la preservación del cóndor andino para las distintas comunidades.
“Si los cóndores se van es como perder las nieves eternas de la montaña” comenta Luis Jácome y agrega que “Los Cóndores, como carroñeros, cumplen un rol irremplazable en el ambiente, al consumir animales muertos libran los campos de posibles focos de infección” Esto lleva a que los cóndores estén en peligro inminente porque algunos pobladores rurales, ponen cebos para envenenar a grandes depredadores y el cóndor como esos cebos,
En una primera instancia fue liberado Etiej, (Gran espíritu en lengua Kakan de los Valles Calchaquies) un macho juvenil, que fue rescatado en Chamical en junio del 2024 con dificultades para volar.
Luego fue el turno de Inti, un cóndor hembra juvenil que fue encontrada por un turista en junio de este año en la Ruta 38, al costado de la ruta en Villa Mazan, (La Rioja) con un grave cuadro de movilidad que le impedía caminar.
La recuperación de los cóndores ha sido un proceso largo, pero han vuelto al cielo, libres, sanos y fuertes. Ambos ejemplares fueron marcados con transmisores satelitales a energía solar para poder seguir sus vuelos y comportamiento.
Esta liberación fue posible por el arduo trabajo y compromiso de distintas instituciones: Secretaria de Ambiente de La Rioja. Centro de Fauna de Rescate Yastay, la Fundación Bioandina Argentina, Fundación Cullunche, Ecoparque Bs As e Instituciones miembros del PCCA.

“Nosotros trabajamos con rescate y rehabilitación de fauna silvestre en general, desde hace más de 30 años. Los cóndores son una de las especies con las que trabajamos y colaboramos en el marco del Programa de Conservación de Cóndor Andino, como miembros. Cuando se necesita nuestra asistencia, como fue el caso de Inti y Etiej, vamos al lugar”. (F.Cullenche)
El cóndor andino es considerado el ave voladora más grande del mundo superando los 140 centímetros de longitud desde el pico a la punta de la cola y 330 centímetros de envergadura. Su cabeza desnuda, adornada por un crespón rojizo y su cuello abrigado por un plumaje blanco, que contrasta con el cuerpo y alas negras, iluminadas por destellos plomizos, hacen ver al cóndor como un ser majestuoso.
Se trata de una de las aves más grandes y robustas del mundo, de la Cordillera de los Andes, en toda su extensión de 7500 km, desde Venezuela a Tierra del Fuego, es el hábitat natural del cóndor. Aunque también habita en áreas precordilleranas y parte de las Sierras Pampeanas (San Luis y Córdoba).
Su imagen imponente planeando a grandes alturas fue seguramente lo que más impresionó a los pueblos indígenas de los Andes para considerarlo un sabio.
El abuelo cóndor
Las culturas nativas de América desde siempre se han valido de una simbología múltiple para representar la vida concreta e espiritual. Esta manera de vincularse y transmitir sus prácticas culturales les ha permitido mantener conexión con los distintos fenómenos, sean estos, naturales o sobre naturales. Así es frecuente hallar símbolos que representan animales, árboles, montañas y fenómenos de la naturaleza, por donde, expresan significados relevantes y universales para el desarrollo humano en el mundo. A lo largo de todo este tiempo, uno de estos preciosos símbolos ha sido el Cóndor.
Sin dudas, la imagen del cóndor es un símbolo sagrado. Es considerado el Apu de los andes, ave de vuelo altivo, pájaro de alas que rozan el techo del cielo, desde tiempos ancestrales su presencia de solemne majestad ha fascinado a los pueblos andinos. Así el gran pájaro abuelo se convirtió en símbolo de sabiduría y mensajero de lo divino.

Simbólicamente el cóndor representa, entre otras cosas, una metáfora de la ascensión y la libertad espiritual para el ser humano. Por esta razón, la imagen del cóndor aparece asociada a distintas culturas de la América aborigen desde el período preincaico hasta la actualidad.
Por ejemplo, en territorio boliviano en Tiwanaku, al sudeste del lago Titicaca, se encuentra la Puerta del Sol, uno de los monumentos más notables de la América andina. En la gran puerta del monumento se encuentra esculpida una imagen de la divinidad Viracocha, la cual se halla de pie, con la cabeza circundada por rayos que representan cabezas de felinos y serpientes; en cada mano tiene asido un cetro cuyo extremo lleva una escultura en forma de cabeza de cóndor; lo rodean tres hileras de personajes en marcha; los del medio lucen máscaras de cóndor.
Para los Incas, en la división tri partita del universo, hay un Hanan Pacha, cielo o mundo superior, un Kay Pacha, ámbito medio o tierra de aquí, y un Uk’u Pacha, inframundo, que erróneamente se ha identificado con el infierno de la tradición abrahámica. El vocablo ‘pacha’ se relaciona con el hábitat o suelo. Estos tres niveles además se identifican con sus animales sagrados: la serpiente (Uk’u Pacha), el puma (Kay Pacha ) y el cóndor (Hanan Pacha).
En Machu Picchu existe el “Templo del Cóndor” esta construcción inca está separada en tres bloques de piedra que, al ser unidos de forma tridimensional, forman la figura del famoso cóndor andino. Esta ave fue considerada sagrada por los incas pues comunicaba el mundo terrenal (el Kay pacha) con el mundo celestial (el Hanan pacha). Este templo es uno de los más populares del sitio arqueológico. Se encuentra en pleno centro urbano de la ciudadela.
Hay que entender que para las culturas tradicionales, el cielo y el inframundo no aluden ni al espacio cósmico ni al subsuelo, sino a ámbitos materialmente ininteligibles en los que conviven fuerzas (benéficas o perjudiciales)que se interrelacionan directamente con el ser humano y la naturaleza, es decir, con el ámbito intermedio.
En la cerámica mochica existen figuras de cóndor, algunas piezas que llevan cántaros o vasijas que hacen presumir que el ave estaba ligada al agua, elemento fundamental del universo en varias culturas de los Andes. Por otro lado, el geoglifo de las líneas de Nazca con la figura del gran pájaro, en dimensiones monumentales, ha sido entendido como propiciador de la lluvia y la fertilidad, y como el principio conector entre los diversos mundos: el superior, el de aquí y el del inframundo.
Sin dudas, para los Incas, el cóndor o Apu Kuntur, era un «Mensajero de la Divinidad» que voló desde el nivel superior del mundo espiritual (el Hanan Pacha) para luego llevar las plegarias a la Divinidad. Es el nexo vinculante entre el Hanan Pacha con el Kay Pacha. Representa el intelecto superior y el enaltecimiento. Todos los días el cóndor eleva el sol sobre el cielo. Esto se verifica en el templo de Machu. Otro legado incaico, se encuentra en el valle de Urubamba, allí, hay un petroglifo con la imagen del cóndor.
Todos estos símbolos fueron estudiados por el investigador y semiótico Zadir Milla Uribe en su libro “El Código Secreto de Machu Picchu” nos muestra por primera vez, las evidencias del código simbólico ancestral, que sustentan y testimonian el arte de luz y sombra de Machu Picchu, develando los contextos y las claves semióticas, que descubren el fantástico imaginario mitológico, que se puede observar a lo largo del camino ritual, que recorre las huacas, altares y figuras de Machu Picchu.
Su investigación muestra los fundamentos, contextos y códigos, que permiten el reconocimiento y la observación de cada figura en diversos momentos del año, así como del discurso conceptual y arquitectónico que les integra, y por el cual, las formas constructivas y paisajísticas adquieren sentido.
En su multiplicidad simbólica se pueden reconocer las 7 fachadas de Machu Picchu, todas ellas, observables desde las cumbres de los montes del entorno, así como las figuras de las fachadas interiores, vinculadas a huacas y altares, y las cuales representan las figuras del cóndor, la llama o alpaca, el picaflor, la serpiente, el sapo, el jaguar y el rostro del maestro milenario Tunapa Wiraqocha, de origen Tiwanaku
La imagen del cóndor también aparece en el territorio argentino y está asociada a las distintas culturas que habitaron los valles Calchaquíes desde La Rioja a Jujuy, Catamarca y el resto del noroeste. Se dice que uno de los motivos fundamentales de la tradición calchaquí es la lluvia por su facultad generadora y regeneradora. De aquí la asociación del cóndor, en su terminología Cuntur, que lleva en la sílaba ‘Cun’ la idea de lluvia por asociación con la divinidad Cun o Con, en su aspecto creador y mantenedor del mundo.
En la Provincia de Córdoba, el cóndor, al igual que el yaguareté (o tigre americano), han sido representados en las pictografías de Cerro Colorado. Se atribuye su autoría a los indígenas comechingones y sanavirones. Así se detecta un paralelismo simbólico-religioso entre las diversas tradiciones de la América indígena donde el felino (puma o yaguareté), la serpiente (a veces el pez) y el cóndor, ocupan un lugar de privilegio y poseen un rol protagónico en la trama sagrada del universo.
Para los mapuches, pueblo que ocupó la región pampeana y patagónica de Argentina y Chile, el cóndor es el dueño del espacio aéreo, reencarnación de las almas nobles y valientes y poseedor de una gran sabiduría.
Se dice que el cóndor no muere nunca, que al sentirse viejo vuelve al nido, en la cima de la montaña, donde, al igual que el mítico Fénix, renace desde sí mismo.


