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Bolivia: “Ganan sin hacer nada”, el senador Nilton Condori dice lo que muchos piensan y desata una crisis en la política boliviana

Por Noelia Carrazana

La figura del senador suplente boliviano Nilton Condori se ha convertido en uno de los focos más recientes de tensión política en el país andino. Expulsado del Movimiento Tercer Sistema, fuerza liderada por Félix Patzi, y actualmente enfrentado a sectores de la Alianza Unidad, su caso trasciende una disputa interna y abre un debate más amplio sobre los límites de la libertad de expresión, la disciplina partidaria y los privilegios dentro del sistema político boliviano.

Condori, de 37 años, es profesor de Biología y Geografía formado en la Escuela Superior de Maestros de Santiago de Huata. Nacido en la comunidad rural de Toja Cachi, en la provincia Omasuyos (La Paz), su trayectoria política se encuentra vinculada a organizaciones campesinas y a corrientes de pensamiento indígena.

Antes de su llegada al Senado como suplente, fue dirigente agrario, presidente departamental del Movimiento Tercer Sistema y vocero de esa organización. Su recorrido también está marcado por la influencia del histórico líder aymara Felipe Quispe, conocido como “el Mallku”, cuya prédica de autonomía política y confrontación ideológica sigue reivindicando.

La propuesta que desató la polémica

El eje del conflicto actual es su propuesta de reducir los salarios de diputados y senadores. Condori plantea que las dietas legislativas, actualmente cercanas a los 23.000 bolivianos mensuales, deberían reducirse a alrededor de 10.000, en un contexto que describe como de crisis económica y desigualdad.

La iniciativa no quedó en el plano discursivo. El 1 de febrero de 2026, en una feria del municipio de Achacachi, el senador Nilton Condori vendió un toro en 10.500 bolivianos con el objetivo de financiar una gira nacional. Según explicó, esos recursos serían destinados a recorrer tanto ciudades como comunidades rurales para consultar directamente a la ciudadanía sobre la posibilidad de impulsar un referéndum que reduzca los salarios de diputados y senadores.

La escena, poco habitual en la política institucional, generó reacciones dispares. Mientras desde el ámbito legislativo surgieron críticas por considerar que su propuesta deslegitima la función parlamentaria, en sectores sociales y rurales encontró cierto respaldo. Incluso el comprador del animal manifestó su apoyo a la iniciativa, reflejando un malestar más amplio respecto a los privilegios de la clase política que Condori busca canalizar con su planteo.

Condori sostiene que su propuesta no responde a una iniciativa individual, sino a una demanda social. “Busco equidad con mis compatriotas”, ha señalado en distintas intervenciones públicas.

Las declaraciones del senador, en particular su afirmación de que sus colegas “ganan sin hacer nada”, generaron rechazo inmediato en la Asamblea Legislativa Plurinacional. Legisladores de distintas fuerzas cuestionaron el planteo por considerar que deslegitima el trabajo parlamentario y deteriora la imagen institucional.

El conflicto escaló cuando Condori planteó públicamente que, si no se avanza en la reducción de salarios, debería evaluarse el cierre de la Asamblea Legislativa. La reacción dentro de su propia alianza fue contundente.

El líder de la Alianza Unidad, Samuel Doria Medina, calificó la propuesta como “profundamente antidemocrática” y exigió su retractación, advirtiendo que, de no hacerlo, podría enfrentar un proceso disciplinario interno.

Condori rechazó el pedido y respondió públicamente que no reconoce jefaturas políticas, afirmando que su mandato responde directamente al pueblo y no a estructuras partidarias.

El caso ha reavivado el debate sobre los alcances de la libertad de expresión en el ámbito político. La Constitución Política del Estado de Bolivia establece en su artículo 21 el derecho a la libertad de expresión y opinión, mientras que el artículo 106 reconoce la libertad de información y comunicación, prohibiendo la censura previa.

No obstante, en la práctica, los partidos políticos funcionan bajo esquemas de disciplina interna que pueden entrar en tensión con esos derechos. La posibilidad de sanciones contra Condori por sus declaraciones plantea interrogantes sobre hasta qué punto un legislador puede sostener posiciones críticas sin enfrentar consecuencias dentro de su propio espacio.

El actual conflicto no es un episodio aislado en la carrera política de Condori. Su salida del Movimiento Tercer Sistema ya había evidenciado diferencias con la conducción del partido, en particular en torno a liderazgos y dinámicas internas.

Ese patrón de confrontación se repite en su actual rol dentro de la Alianza Unidad, donde su postura disruptiva vuelve a tensionar los límites de la convivencia política.

Al mismo tiempo, su discurso recoge elementos de corrientes críticas al sistema político tradicional, incluyendo la idea de que existe una élite que se perpetúa en el poder y se distancia de las condiciones de vida de la mayoría de la población.

Un debate que trasciende Bolivia

La discusión sobre los salarios de los políticos y los privilegios asociados al ejercicio del poder no es exclusiva de Bolivia. En distintos países, experiencias como las impulsadas por Podemos en España, el Movimiento 5 Estrellas en Italia o el estilo austero del expresidente uruguayo José Mujica han cuestionado la idea de que la política deba implicar altos niveles de ingreso.

En ese contexto, la propuesta de Condori se inscribe en una corriente más amplia que busca redefinir la relación entre representación política y condiciones materiales de quienes ejercen el poder.

Mientras la Alianza Unidad evalúa posibles medidas disciplinarias y el senador avanza con su iniciativa de consulta ciudadana, el escenario permanece abierto. La posibilidad de un referéndum, la continuidad de su gira y las tensiones dentro del bloque político configuran un panorama de incertidumbre.

Más allá de su desenlace, el caso de Nilton Condori pone en evidencia tensiones estructurales del sistema político boliviano: la relación entre representantes y representados, los límites de la libertad de expresión dentro de los partidos y el debate sobre los privilegios en el ejercicio del poder.

En un contexto de creciente cuestionamiento a las élites políticas en la región, la figura del senador, incómoda para sus propios aliado, ha logrado instalar una discusión que trasciende su propio recorrido individual y se proyecta sobre el funcionamiento mismo de la democracia.

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