El pasado neoliberal como futuro en Bolivia: candidato a Vicepresidente es un Ex policía, estrella de TikTok

Por Antonio Abal Oña

Edman “El Capitán” Lara, ex policía y estrella de TikTok, se convirtió en la gran sorpresa de las elecciones presidenciales de Bolivia. Compañero de fórmula de Rodrigo Paz por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), llevó la campaña a las redes sociales con un mensaje cargado de convicción y creatividad: “Vamos a reventar las redes sociales con nuestras propuestas”, decía en sus videos. Su estrategia digital ayudó a que la fórmula alcanzara un histórico 32% de los votos en la primera vuelta, superando al ex presidente Jorge “Tuto” Quiroga y asegurando, por primera vez en la historia del país, una segunda vuelta electoral que se disputará el 19 de octubre.


Nacido en Cochabamba y radicado en Santa Cruz de la Sierra, Edman “El Capitán” Lara fue capitán de la Policía Boliviana hasta 2023, año en que comenzó a denunciar públicamente presuntos actos de corrupción dentro de la institución. A través de sus redes sociales, señalaba cobros irregulares, tráfico de influencias y otras prácticas que, según él, estaban normalizadas entre algunos mandos policiales. Su activismo provocó una reacción institucional: una sargento lo denunció por uso indebido de influencias, usurpación de funciones y obstrucción al ejercicio público, lo que derivó en su suspensión por un año y un breve paso por la cárcel. Alejado de la Policía, consolidó su presencia en las redes como “Capitán Lara”, donde continuó exponiendo presuntos abusos y actos de corrupción, y desde allí construyó la base que lo llevó a sumarse como candidato a vicepresidente del Partido Demócrata Cristiano.

Las nuevas tecnologías de la comunicación han alterado los ritmos, formas y contenidos de los mensajes en la vida cotidiana y, por supuesto, en el campo político. Tomando en cuenta esta afirmación, veremos que el triunfo de Edman Lara no debería ser una “sorpresa”. En un texto que publicamos este año (Del Estado Colonial al Estado Plurinacional) explicamos los procedimientos de la comunicación subjetiva y su efecto en las conductas. Con los mismos instrumentos realizamos un somero análisis de este hecho.

El señor Lara aplicó una estrategia de comunicación para posicionar su imagen. Ahora bien, es posible que haya sido producto de la casualidad o de un trabajo premeditado sustentado en un conocimiento del marketing. De todas maneras, el resultado es exitoso y un revés para encuestadoras y analistas que aún no hemos asumido el cambio de época en el mundo de las comunicaciones y sus efectos en las relaciones de poder.

¿Qué hizo el señor Lara? Aprovechó un acontecimiento: su denuncia por un acto de corrupción de un oficial de policía. Este hecho fue promocionado por el mismo, entonces capitán Lara, en las redes sociales, especialmente en la plataforma TikTok. Para sintetizar el proceso señalamos la siguiente secuencia de mensajes:
a) Lara víctima,
b) Lara luchador contra la corrupción,
c) Lara víctima económica (perdió su trabajo),
d) Lara cuentapropista (vendiendo ropa),
e) Lara como solución a la corrupción,
f) Lara como candidato.

Esta secuencia de apelación a la emotividad de sus seguidores quedó “atrapada” en una masa crítica que ya sentía los rigores de una crisis económica. Esa crisis ponía los sentimientos como rector de las decisiones. Por otra parte, ya en su agudización, esa masa crítica esperaba una salida a la crisis social y política, reclamando una alternativa que encarnó Lara.

El derruido sistema de partidos, otrora bien estructurado orgánicamente, permitió concentrar la mirada en la persona por encima de los programas. Entonces surgieron los “candidatos”, unos conocidos y otros desconocidos. ¿Y el partido? No era necesario, ya que desde hacía tiempo en Bolivia se mantenía un negocio de compra-venta de siglas, una de ellas el PDC.

Hoy el PDC es el paraguas que cobija a un retoño de su propia sangre (JDC-R) y a un producto de las redes sociales, basado en una larga lista de promesas de difícil cumplimiento. De resultar ganador el PDC como sigla, será solamente una cáscara. La verdadera organización política, cobijada en el paraguas, tendrá que enfrentar decisiones entre promesas de corte social e inversión estatal y un programa de ajuste neoliberal, escenario que promete una presión social organizada.

Una figura con las características de Lara no será un burócrata en la vicepresidencia, tampoco un actor pasivo en la Asamblea Legislativa Plurinacional. Su recorrido hasta hoy indica que la búsqueda de protagonismo no será limitada por algún tipo de acuerdo de gobernabilidad. Por el contrario, es probable que la verdadera carrera política del señor Lara comience con su rol de vicepresidente.

La campaña para desprestigiar a los candidatos del PDC, ya posicionados como favoritos, es un boomerang, porque acentúa el efecto de “víctima” que consolida el voto otorgado. Eso puede asegurar que el señor Lara se constituya en el segundo (?) hombre del país.

El conjunto del pueblo boliviano esperaba cierta estabilidad política y económica luego de las elecciones, pero esta espera se prolonga hasta el mes de los acontecimientos en Bolivia: octubre. Entre tanto, las turbinas del lodo trabajan con fuego cruzado y el gobierno intenta cobrar algún protagonismo que lo saque del oprobioso resultado electoral, sin atinar a dar algún tipo de respuesta a la crisis económica, caldo de cultivo para las voces que piden un urgente cambio de gobierno.

Las tareas que se implementarán, por cualquiera de los candidatos que llegaron a la segunda vuelta, tienen que ver con una agenda de privatizaciones, achicamiento del Estado y un modelo de economía de mercado. En suma, un ajuste al estilo 21060, con un gran objetivo común: cambiar la Constitución Política del Estado y destrabar todos los candados que impiden la privatización de los recursos naturales, intervenir en los territorios de pueblos indígenas y aplicar ajustes que afectarán sobre todo a los sectores sociales más vulnerables.

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